He perdido un poco mi empleo. Lo he perdido y no, pero me gusta decir que sí porque tengo mucho entusiasmo antagonista. Ahora estaré en secundaria -lo cual apesta- y mi corazón está destrozado porque no veré diario a mis escuinclos. Ya lo sé, tengo un problema para relacionarme con las personas: siempre me involucro demasiado con ellas. Potencialmente, todos pueden destrozarme.
Desde el viernes estoy en depresión. No sabia para donde darle y quería tomarme un galón de helado de cookies & cream con una botella de Absolut. No lo logré, así que anduve todo el santo día en pijama y me dormí a las 8 de la noche.
Ayer todo fue un poco mejor. Fui a una clínica de monta (que estuvo bien padrísima y me sirvió para darme cuenta que hay muchas otras cosas que me gustan y me apasionan) y después nos echamos unos tequilas en casa de Martha. Llegué temprano a mi casa pero a medios chiles, me dormí abrazando a Miranda. Leooooooo me mandó un mensaje en la madrugada para decirme que estaba en Guanajuato y que se acordaba mucho de mí.
Desperté bien temprano, dolor de cabeza, té, pastillas. Platiqué con mis papás y estoy terminando de leer El amante bilingüe.
Ayer pensaba que lo mejor seria abandonar la escuela y dedicarme a pedir limosna mientras toco el acordeón como Joan Marés. No sé, hoy pienso que es hora de crecer un poco y tomar las "pérdidas" de un modo más positivo. Finalmente es cierto, lo que más tememos ya nos pasó...