Ayer me marcó Miguel sólo para contarme (re- mala leche) que la gorda tenia de nickname una frase que yo puse hace tiempo en mi blog. Le pregunté que si todavía le hablaba o por qué tenia ese dato. Me dijo que la tenia bloqueada, que ella no podía verlo a él pero él a ella sí. Qué patético, pensé.
Lo único que atiné a decir fue que como tenemos las mismas influencias literarias y musicales, las coincidencias entre nosotras abundaban (ja!). Creo que también dije: pobrecita.
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Cuando presenté mi proyecto para el seminario de Literatura, Elba me dijo que esperaba que lo considerara para mi tema de tesis! Tssss, no sé, creo que volveré a escuchar a mi padre decir: ¿otra vez un gay? Pero no me importa, te amo Villaurrutia! (qué bueno que no dije eso en la etspo)
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El martes festejamos (sé que eso no debería festejarse pero así somos de atascados) el cumpleaños número veintiniversdfas del abuelo, osea del Ed. Dos botellas de vodka, harta caguama, tonayan, gelatina sorpresa, carne asada, cigarros varios y el dj Jabel amenizaron la velada.
El saldo: en contra. La casa perdió. Perdió una inquilina porque entendí que mis amigos verdaderos nunca podrán ser felices en esa casa. Sí, señores. Me mudo. Lo más loco es a donde. La casa de Ale se convertirá en La casa de las Ales. Y sí, ya encontraremos un rincón exacto y eterno para reflejarnos, cómo dice Villaurrutia.